Los últimos años de la década del 90 muestran un dramático aumento en las cifras de hechos victimizantes ocasionados por actores armados en Colombia. La consolidación de los grupos paramilitares, sumada al accionar de carteles de narcotráfico y guerrillas, dejaron en medio del fuego cruzado a miles de familias que padecieron amenazas, secuestros, reclutamiento forzado, entre otros hechos que –en muchos casos–, las obligaron a abandonar su territorio y desplazarse a las ciudades capitales.
Con este panorama, el presidente Andrés Pastrana impulsó en 1999 las negociaciones de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que para entonces eran la guerrilla más grande del país. Para los diálogos se desmilitarizó una zona del tamaño de Suiza, pero luego de tres años las partes se levantaron de la mesa sin lograr ningún acuerdo. Durante y después de las negociaciones, las FARC incrementaron su pie de fuerza de forma sustancial, contribuyendo así a la escalada de violencia en el territorio nacional.
De acuerdo con el Registro Único de Víctimas (RUV), entre 1997 y 2008 se presentaron los mayores índices de violencia como consecuencia del conflicto armado en Colombia. Si bien la situación de orden público ha generado graves consecuencias en la esfera política y económica del país, no se puede perder de vista su impacto en el campo social y en la configuración y desarrollo de las familias, especialmente las que han habitado en contextos de violencia.
Esta ponencia pretende indagar en el rol y afectaciones de la familia colombiana en el conflicto armado interno entre 1997 y 2016, un periodo en el que se pueden ubicar hechos de amplia relevancia tanto en la consolidación como en el declive de la tensión entre los grupos armados, paramilitares y la fuerza pública.
Esta investigación, que se desprende del proyecto Vicisitudes de familias en tiempos de Guerra, inscrita dentro de la historia social y política. Parte de un estudio historiográfico que permite caracterizar los tipos y escenarios de la violencia y del conflicto, y usa como metodología de investigación cualitativa las Historias de vida, caracterizada por el entendimiento de un fenómeno social, desde la visión del actor, en este caso de una familia que estuvo inmersa en dichos escenarios, dando la posibilidad de hacer una reseña del conflicto armado que permita evidenciar el impacto y las secuelas que puede dejar la guerra en la familia colombiana, una familia como muchas que han sido víctima de los diferentes grupos armados que se disputan el poder en este país.
Entre los más de 8’706.660 víctimas que registra el RUV están los miembros de la familia Galindo Barreto, quienes vivieron y padecieron como víctimas del paramilitarismo, la guerrilla y el mismo Estado, afectando sus derechos fundamentales y viéndose obligados por distintas circunstancias del conflicto a soportar el desplazamiento, reclutamiento forzado, la persecución, el abandono y la muerte, como principales consecuencias que ha dejado no solo para esta familia, sino para miles de Colombianos en las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI.
Hacia 1998, los habitantes de la Macarena recibieron una noticia: su municipio, al igual que La Uribe, Mesetas, Buena Vista y San Vicente del Caguán, pasarían a formar parte de la Zona de Distensión. En el casco urbano de La Macarena vivían Ciro, su esposa Margarita, y sus hijos Elkin y Esneider, que para ese entonces tenían 13 y 9 años. A principios del 99 los guerrilleros comenzaron a ocupar la Zona y a tomar el control; allí estaba el ‘Mono Jojoy’ y el ‘Negro Acacio’, los cuales despertaron mucha admiración entre los niños y jóvenes que hacían fila para pedirles autógrafos, entre ellos Elkin quien hacía su ingreso a las FARC, como muchos otros niños para quienes la guerrilla era toda una novedad.
Los menores que se integraban a las filas de la guerrilla tenían tres posibles destinos para recibir instrucción militar: la Escuela de Entrenamiento de la columna Teófilo Forero, la Escuela de Mando Isaías Pardo, o la Escuela Nacional Hernando Gómez Acosta, estratégicamente ubicadas en cercanías a los municipios que pertenecían a la zona de despeje.
Los Galindo Barreto, que no pudieron impedir que su hijo de apenas 13 años se marchara, tuvieron que aguardar un año para volver a verlo. El mismo tiempo en que el panorama del proceso de paz mostraba un inminente fracaso. Elkin tuvo que regresar a las filas de las FARC, y en el 2002 Pastrana dio por terminadas las negociaciones y llegó la disolución de la Zona de Distensión, momento en el que Elkin escapó de la Guerrilla para encontrarse con su familia y salir desplazados hacia Villavicencio cuando ingresó al programa de reinserción del gobierno, suministrando información sobre la guerrilla y cayendo en manos de grupos de autodefensa, del Bloque Centauros de las AUC, por causa del mismo Estado. Solo pasaron dos meses para que la familia Galindo Barreto recibiera la notica de la muerte de su hijo.
Ante ese panorama, Los tres miembros de la familia Galindo Barreto fueron a parar a un albergue en Bogotá donde Margarita cayó en una profunda depresión que la llevó a la muerte y Esneider el hijo menor de Ciro con apenas 16 años terminó siendo reclutado por un grupo Paramilitar del que pudo escapar para empezar una larga lucha con su padre hacia el proceso de la reparación en el marco del proceso de paz con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.
La historia de la familia Galindo Barreto es la historia del conflicto armado en Colombia, representa el papel que ha jugado la familia en medio de una guerra librada entre guerrillas, paramilitares y Estado