La ponencia que se presenta muestra parte de los resultados de la investigación Prácticas de paz en la vida familiar: un acercamiento desde las narrativas de un grupo de estudiantes Desarrollo Familiar y Trabajo Social de la Universidad de Caldas, financiada por la Vicerrectoría de Investigaciones y Posgrados de la Universidad de Caldas.
Partió de reconocer la actual transición social y política que vive el país a raíz de los procesos de acuerdo con grupos guerrilleros, y de la posibilidad y la responsabilidad compartida que representa participar en los nuevos acuerdos para construir la democracia. En esta transición, las preguntas por la paz, sus actores, sus escenarios y sus condiciones son cruciales en los ámbitos académicos y en los escenarios sociales.
Esto invitó a considerar los actores, los escenarios y las condiciones que usualmente no se han tenido en cuenta de forma explícita en las comprensiones asociadas a la construcción de paz, porque esta ha sido ligada especialmente a los ámbitos propios de la democracia liberal. En este sentido, la inquietud por el lugar y el aporte potencial de las Familias como agentes socializadores adquiere un especial interés que puede ser abordado según las posibilidades de la investigación.
La intención política de la investigación fue revindicar la experiencia familiar de los jóvenes universitarios como un espacio de creación de condiciones de paz, a partir de la visibilización y valoración de sus modos de subjetivar y objetivar la paz.
Con esta intención de fondo, los objetivos trazados para la investigación fueron a) interpretar las prácticas familiares de construcción de paz que reconocen los estudiantes del programa de desarrollo familiar en sus narrativas autobiográficas, y b) generar un proceso práctico de reconocimiento, apropiación y motivación investigativa con el grupo de estudiantes adscritos en el curso de investigación cualitativa ofertado por el departamento de estudios de familia, en el 2 semestre del 2016.
La metodología seleccionada para ello fueron las narrativas. Sin embargo, se abre aquí una pregunta teórica que se pretende resolver en esta ponencia: ¿qué se busca interpretar cuando se invita a los participantes de una investigación a que aporten sus relatos sobre algún acontecimiento? Se trata de saber cuál es el propósito de esa interpretación, si existe un propósito. Cuál es la intención, en sentido fenomenológico, de esa búsqueda de las narrativas y de su interpretación. Y en este aspecto, se abren dos nuevos problemas: la metodología narrativa se despliega, por lo menos, en dos: el primero se refiere a la manera de obtener las narrativas y el segundo a la forma de interpretarlas (Ángel, 2012).
El enfoque metodológico de la investigación es, entonces, el diálogo con los actores que participaron en ella, como una conversación en el que se reconstruyen las narraciones ofrecidas de manera provisional. Según Hannah Arentd (1968) la narración es acción en pleno sentido. La narración no recrea la realidad como ocurría con la teoría del reflejo. No. Para Arendt, la acción es creadora y por eso es acción sobre el mundo, pues funda alternativas y anticipa el futuro. La narrativa tiene el poder de nombrar aquello que aún no existe, en el sentido político de indeterminación y proyección. La narrativa como opción investigativa tiene la capacidad de invocar la vida social. El narrador solo puede contar lo que vive con otros. Para Walter Benjamin (1991), el narrador no obra como historiador que expone acontecimientos lineales, sino como inventor de relatos, memorias y sentidos. Esto significa que el narrador es el protagonista de la historia que cuenta, porque la narración le otorga capacidad de agencia, le confiere el poder de convocar por el relato la cultura. En este sentido, el relato es una construcción social en la que una cultura puede expandir su capacidad reflexiva sobre las experiencias vividas como comunidades de sentido. De modo que, como dice Gergen (2007) la perspectiva narrativa: "…no busca comprobar visiones de conjunto o modelos explicativos generales, sino que busca reconocer y comprender relatos o historias singulares que permitan identificar elementos decisivos en las vidas de los agentes. De modo tal que se puedan identificar los rasgos trasversales o comunes entre distintos participantes, pero también rescatar las diferencias, lo genuino de cada biografía, de modo que en una misma narrativa se puedan hacer visibles y audibles en un mismo nivel de legitimidad las narraciones convergentes y divergentes, o la polifonía de voces que reflejan la dimensión problemática del conocimiento (pág. 165)". En este sentido, la narrativa le da cuerpo a la memoria, que a su vez trasciende la simple evocación. Y la memoria tiene la fuerza de ser la base de la producción social de las subjetividades y funda las identidades colectivas. Al mismo tiempo, lo que consideramos como naturaleza del mundo está sujeta a nuestra forma de nombrarlo. De modo que la producción de la narrativa ocurre en personas concretas, en contextos precisos y en tiempos definidos.
La narración de historias permite comprender los hechos, porque es ya una interpretación del mundo y de las experiencias de quienes viven la historia en circunstancias como la guerra. Las esperanzas y las desesperanzas sociales no se pueden sentir en un análisis racional, pero la narración sí provee su emoción y su sentido. Las narrativas hacen visible y audible las formas de vivir el mundo que suelen permanecer ocultas lejos de cualquier posibilidad transformadora (Sparker & Davis, 2004).
La investigación narrativa como proceso interpretativo, es una posibilidad de comprender la vida familiar que hacemos y experimentamos juntos, que a través de ella podemos aproximarnos a la constitución intersubjetiva de la experiencia de ser y hacer familia. De acuerdo con Martha Cecilia (Lozano, 2009).
La narrativa corresponde a formas discursivas de contar la vida, los hechos, las circunstancias que acontecen en un trasfondo cultural, social, político e histórico determinado; configura un entramado de relatos entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo individual y lo colectivo, entre el presente y el pasado que orienta en la interpretación y comprensión del mundo de la vida, que metafóricamente se caracteriza por destellos de luz y opacidades (págs. 125-140)”.
Las narraciones de la vida familiar son un recurso conceptual y metodológico para reconocer el proceso de construcción de las familias, y conforman también una memoria, de modo que no son solo un método de investigación sino un objeto de investigación y un resultado de intervención social, puesto que por medio de ellas se crean y se recrean los enunciados que dan sentido a la vida de familias concretas, y las prácticas con las que recrean esos enunciados.
El análisis narrativo facilita la comprensión de la vida familiar que se desarrolla con el reconocimiento de la historia del grupo, situada en una sociedad histórica y política (Yedaide, Álvarez, & Porta, 2015). Esta ubicación histórica, de todas formas, se desarrolla en la vida cotidiana que, según Agnes Heller (1994), es el conjunto de actividades que caracterizan la reproducción de los hombres particulares, que a su vez crean la reproducción social. En toda sociedad, toda persona vive cotidianamente las contradicciones históricas de su sociedad. De modo que esas contradicciones y esas determinaciones históricas no son abstractas sino enraizadas en una vida cotidiana que es susceptible de ser contada, de modo que el acto de contarla, de narrarla es ya una forma de interpretación de la vida social en su conjunto.
De acuerdo con Herrera (2009), la historia de lo cotidiano es la historia de la acción del hombre sobre sí y sobre su entorno. Permite centrar la mirada en aspectos subjetivos de la vida humana, es decir en la construcción de las formas de pensar, sentir y actuar en contextos particulares. A partir de esta perspectiva cotidiana de la historia, es posible comprender la narración como un tipo de acción que crea y recrea la historia familiar, entendida como el espacio de construcción de la vida del grupo. En ese espacio, la familia va elaborando a partir de sus interacciones narrativas la subjetividad y la identidad de sus integrantes. Este proceso se nutre de procesos dinámicos bajo el influjo de factores que definen la familia, como sus condiciones sociales, económicas, políticas y culturales. Allí, vive la familia en las particularidades biográficas que se sostienen en las relaciones e intercambios familiares. Cada persona narra de forma única su experiencia de vida familiar, y sus narraciones dialogan con las narraciones de los demás integrantes del grupo. Los rasgos que atraviesan las narraciones de los miembros de la familia son acontecimientos que dotan de particularidad distintiva la familia y son reconocidos por los integrantes aunque hayan sido vividos en lugares diferentes. En muchos estudios que acuden a las narrativas como método de investigación, se resalta que esta práctica investigativa devuelve la voz a los actores que tradicionalmente han estados sometidos al silencio (Herrera & Pertuz, 2015). Esto ocurre en lugares tan diferentes como los espacios de violencia en Colombia, en ambientes hospitalarios (González, 2016) y en el ámbito familiar, en el que la voz de los niños y las mujeres suele estar subordinada a la de los adultos y los varones (Patiño, 2015).
En las narraciones de los miembros de las familias se expresaron sus puntos de vista, sus temores, sus sueños, sus recuerdos, sus acciones, su visión de la vida que han construido mediante el reconocimiento de lo que Le Goff (1999) llama los aspectos culturales diarios de la vida de los grupos. A partir de la experiencia investigativa en la que ofrecen sus relatos, reconocen las formas como recuerdan lo que han hecho y lo que han dicho en contextos y momentos propios de sus vidas y el sentido que les atribuyen a las experiencia