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Resumen de ponencia
¿Para quién la ciudad?

*Diana Karimmi Corona Solís



Para quién la ciudad es una reflexión que tiene como objetivo exponer las formas actuales en que son asimilados (apropiados) los espacios de la ciudad mediante el proceso social de la producción y la reproducción del capital. En dicha reflexión se busca esclarecer las relaciones de dominación que se crean bajo las transformaciones y las reconfiguraciones en cuanto a las funciones y las estructuras del espacio urbano construido. Es decir, en cuanto a la manera en que están organizadas las actividades sociales en las ciudades dentro de las edificaciones y la infraestructura urbana. Actividades que van desde el simple transito que se realiza hacia la escuela, el parque o el trabajo hasta la relación de estas actividades con la producción y la ampliación del capital global.

Para comprender el desarrollo de este proceso es necesario saber que la asimilación y la dominación de los espacios se constituyen sobre la base de diferentes intervenciones técnicas y planes y programas gestionados por las instituciones del Estado y las empresas. Es decir, que para reconstruir el ambiente urbano mediante las movilizaciones de capital los promotores de la edificación (las empresas) hacen uso del conocimientos y las técnicas de la arquitectura y del urbanismo, del diseño, de la planeación urbana, etc.; y el soporte legal y parte de las inversiones de esta reestructuración urbana las encuentran en las instituciones del Estado.

Cada intervención modifica el espacio social partiendo de su propio conocimiento y su propia técnica, incluso de su propia experiencia y de sus deseos personales. Esta práctica dificulta y hace en la mayoría de los casos incompatible la construcción urbana con las necesidades o los requerimientos más próximos de la población. No obstante, lo que finalmente interesa a los promotores de la reedificación es la movilización de los capitales en el espacio con dos objetivos: el primero, mantener e incrementar el valor del capital en el corto plazo; el segundo, mantener el valor del capital e incrementarlo en el largo plazo con nuevas reestructuraciones sobre el espacio. Lo cual no es una regla, pues las movilizaciones del capital en el espacio solo son una alternativa para sobrellevar la caída de la tasa ganancias que suceden en la producción y la comercialización de las mercancías, los desequilibrios que acontecen en el sistema financiero por la caída de la tasa de interés, los desajustes del comercio internacional por las modificaciones en las tasas de cambio, etc.

Las ganancias que obtienen las empresas por la reedificación del espacio son movilizadas al sistema de producción de la fábrica, al comercio, al sistema financiero, etc. Esto está en función de la coyuntura económica de la acumulación global del capital. Pero la parte del dinero que invierte el Estado, que aparece como una proporción del gasto público, se convierte en deuda. Esta deuda pública es pagada por la población generación tras generación. El problema es que la mayoría de la población no se ve beneficiada por este gasto del gobierno, pues las modificaciones al espacio urbano no tiene contemplado los lugares donde viven los trabajadores. A menos que este espacio social interese a los promotores de la reedificación. De ser así, se buscará movilizar a los trabajadores de estos lugares hacia las periferias de la ciudad y nuevamente el capital asimilará y dominará ese espacio, que posteriormente puede ser ocupado o no por la población. Esto no importa a los dueños del capital, pues lo urgente es mover el dinero de un sector a otro para incrementar y mantener su valor.

La producción de las ciudades no sólo requiere de las técnicas, la intervención del Estado y los proyectos de los dueños del capital, también requiere de los trabajadores. Mediante el trabajo que realizan los hombres en la construcción es posible que los capitalistas aumente y mantengan el valor del capital. Sin el trabajo sería imposible conseguirlo. El trabajo que se utiliza en la reedificación del espacio urbano es proporcionalmente mayor a las inversiones que se realizan en la maquinaría y en los materiales para la construcción. Por ello, la tasa de ganancia que se obtiene de estos proyectos siempre trae beneficios a los empresarios. La razón radica en que la mayoría de los trabajadores son poco calificados y normalmente son trabajadores extranjeros, no legalizados, migrantes e inmigrantes. Esta situación genera mayores ganancias con menores costos. Y por esa misma razón a los inversionista les interesa poco el funcionamiento de los espacios construidos. Si este espacio reedificado llegará a tener en algún momento una socialización al su alrededor, será un mero resultado de la apropiación y de la reincorporación de estos lugares a la simple cotidianidad de la vidas de la población.

La producción de los espacios de la ciudad no se construyen sin la presencia de la resistencia de la clase dominada. La constante lucha de las personas dentro de las ciudades evitan la dominación total del capital constituyendo a su vez formas, funciones y estructuras de los espacios alejada de la lógica de la acumulación. Esta resistencia no solo actúa en las ciudades, en los espacios urbanos, también resiste desde el campo y el espacio rural. Los pobladores de estos lugares impiden que las empresas en colaboración con las instituciones del Estado ocupen territorios fuera de las ciudades o saqueen el espacio rural (minerales, tierra, etc.) con miras para la reedificación de las ciudades. Es una lucha constante. La resistencia social busca y reivindican el valor de uso del espacio y su contenido social hacia el valor de uso más cotidiano de la vida, el habitar. En otras palabras, alejan los espacios sociales (tanto de la ciudad como del campo) del valor de cambio, de la mercantilización del espacio, de la ampliación del capital mediante el deterioro constante de los espacios y de la vida social y cotidiana que hay dentro de ellos.

Las ciudades, los espacios urbanos y los espacios rurales no son solo un contenedor de las relaciones sociales de la reproducción del capital, ellos mismos en la actualidad son un componente, un elemento, un instrumento que es utilizado para dar continuidad a las relaciones sociales de producción capitalista. El espacio social ha dejado de ser un lugar en donde se producen y se vende las mercancías para convertirse en un elemento y en un producto del capital, una mercancía que similar a cualquier otra contiene en ella un valor de uso y un valor de cambio. Pero este espacio producido también forma parte de las trincheras de la clase dominada. Es desde este lugar lleno de contradicciones entre la dominación capitalista y la apropiación de la población donde hoy se sigue reclamando el derecho a la ciudad y donde se siguen preguntando ¿para quién la ciudad?.

Para quién la ciudad es una presentación que busca discutir sobre los objetivos actuales que tiene la clase capitalista respecto a las reconfiguraciones espaciales urbanas. Particularmente, se busca esclarecer la manera en que la reorganización de las ciudades, en cuanto a su funcionamiento, sus formas y sus estructuras, conduce a una mayor explotación de los trabajo al reunir en ella múltiples actividades que van desde el trabajo hasta las actividades referentes a la recreación colectiva. Para arribar a la comprensión de este proceso social y responder a la pregunta ¿para quién la ciudad ? es necesario conocer y comprender las dimensiones sobre las cuales se constituye el espacio urbano. De lo cual, se ha esbozado algunas ideas preliminares en los párrafos anteriores. Estas aproximaciones se desarrollan sobre la base del pensamiento de Karl Marx y su aporte sobre la producción de la mercancías, y del trabajo de Henri Lefebvre y su reflexión sobre la producción del espacio. De Marx se parte de su critica a la economía política basada en la producción de las mercancías mediante la explotación del trabajo. De Lefebvre, el punto de partida es sobre sus reflexiones del “El derecho a la Ciudad I” (1968) y “El derecho a la ciudad II” (1972), y sobre la base de un articulo que se llama “La producción del espacio” (1974).

A partir de estos autores se busca destacar que la producción actual de la ciudad en todas sus dimensiones y funciones tiene como finalidad ampliar el valor del capital. Y que el derecho a la ciudad, que es promulgado por las instituciones del Estado y las empresas privadas, no es otra cosa que el derecho al libre transito por las calles para arribar al trabajo, realizar el comercio, el turismo, etc. Que la constitución actual del derecho a la ciudad no tiene nada que ver con el derecho al acceso de todos las personas a los valores de uso que están dentro de todos los espacio de la ciudad. Un derecho a la ciudad que esté alejado de las exigencias del valor de cambio, de la compra y venta de los lugares y de las actividades que se realizan en él. La respuesta a la pregunta: ¿para quién la ciudad? es muy sencilla, para el capital. No sin las constantes luchas contra el capital mismo por parte de la población en los diferentes espacios sociales.




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* Corona Solís
Universidad Autónoma de México UAM-X. Distrito federal, México