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Resumen de ponencia
El Giro a la Izquierda como Coyuntura Crítica: El Caso Argentino

*Eduarda Moura Pereira



La siguiente propuesta de ponencia hace parte de un trabajo conjunto de investigación académica, en el ámbito de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Brasil, cuyo objetivo es estudiar las Elites Empresariales, el Estado y el Mercado en América Latina en el contexto del giro a la izquierda después de la redemocratización. En el caso específico de esta ponencia, se pretende comprender si de facto hubo una coyuntura crítica en Argentina durante su supuesto giro a la izquierda de los años 2003, cuando Néstor Kirchner asume el poder. En ese sentido, se entiende como coyuntura crítica un período de cambio significativo que ocurre de maneras distintas y promueve resultados distintos en diferentes países.
La metodología utilizada para eso es el método inductivo de process-tracing, en el cual se busca construir una secuencia causal a partir de eventos observables y continuos. Así que se propone un cuadro analítico dividido en tres etapas: primero se determina las condiciones permisivas para el giro a la izquierda; después se investiga las condiciones productivas que resultaron de un momento previo de inestabilidad y que han convergido hasta una ocurrencia de naturaleza específica; y, por fin, se establecen los mecanismos de reproducción, o las condiciones que permitieron su continuidad en el tiempo y en el espacio.
En el caso argentino, el supuesto giro a la izquierda no fue resultado simple de un cambio de partido político en el poder, sino del restablecimiento de – o, al menos, de la convergencia hasta – los principios populistas del antiguo peronismo. En un sistema de carácter bipartidista, el Partido Justicialista (PJ) que eligió Néstor Kirchner, creado por Juan Perón en 1947, generalmente concurre a las elecciones solamente con la Unión Cívica Radical (UCR), pero su ideología política y económica no puede ser considerada homogénea, ya que en las últimas décadas ha pasado por conducciones neoliberais durante los años de 1990 hasta el regreso de las políticas de naturaleza social en la era kirchnerista. Por eso motivo, no se puede establecer el PJ como debidamente un partido de izquierda, y, por consiguiente, se vuelve más difícil conceptualizar la elección de Kirchner como un giro a la izquierda resultado de una coyuntura crítica.
El camino por el cual la Argentina ha pasado desde el fin del régimen militar y hasta lo proceso de redemocratización en 1983 fue marcado por fuertes crisis económicas y escándalos políticos involucrando a sus presidentes. En la primera elección libre después de la dictadura, Raúl Alfonsín, candidato de la Unión Cívica Radical, ha sido elegido con 51,7% de los votos válidos, marcando la primera vez que el partido peronista (PJ) ha sido derrotado en una elección válida. Su gobierno duró hasta las elecciones de 1989, y, en medio de una crisis hiperinflacionaria, Alfonsín renunció antes del fin de su mandato. A mediados de 1989, entonces, Carlos Menem, candidato del Partido Justicialista, sube al poder y implementa una agenda neoliberal que al principio tiene éxito en contener la inflación. Sin embargo, las acusaciones de corrupción de su gobierno y el fracaso de la Ley de Convertibilidad en su segundo mandato han terminado con su popularidad. Además, Fernando de la Rúa, candidato de la UCR, asume la presidencia en diciembre de 1999, iniciando un de los períodos más críticos para la gobernabilidad en Argentina hasta la elección de Kirchner.
Es justamente en ese contexto que se dieron las condiciones permisivas para un cambio de gobierno que permitió la vuelta de las políticas sociales de naturaleza populista que habían marcado el período peronista y que, supuestamente, se alinean con los ideales de izquierda. La Ley de la Convertibilidad, que fijó la moneda argentina al dólar con un cambio de uno para uno – para lo peso convertible –, genero un serio déficit fiscal a medida que las crisis internacionales contrajeron la oferta de capitales. Mientras el país se endeudaba y se desindustrializaba, el gobierno de Carlos Menem sufría graves acusaciones de corrupción, y en las elecciones de 1999 la Unión Cívica Radical vuelve a la presidencia con Fernando de la Rúa. Aunque de la Rúa ha intentado controlar la fuerte recesión, los altos niveles de desempleo y la pérdida de competitividad externa han resultado en gigantescas manifestaciones populares que llevaron a renuncia del presidente en 2001, siendo ese el ápice de la crisis económica en Argentina.
Dando continuidad a ese escenario, el país experimentó sucesivas sustituciones presidenciales hasta que Eduardo Duhalde – político del PJ – asumió la presidencia. Durante el año de 2002 y el comienzo de 2003, Duhalde consiguió establecer gobernabilidad a través de una movilización nacional con sectores empresariales y populares y, finalmente, anunció el fin de la Convertibilidad y declaró la moratoria de la deuda. Aquí es importante subrayar que la participación de las elites económicas argentinas en la esfera política es espasmódica y siegue las crisis. Por lo tanto, sólo se estructuraron coaliciones de los altos sectores de la economía cuando la pérdida de competitividad y la desindustrialización alcanzaron niveles insostenibles. Por ende, en medio a la insatisfacción de todos los sectores de la población y las consecuencias de la crisis recesiva resultado de políticas neoliberales, estaban dadas las condiciones de un significativo cambio de conducción gubernamental.
Siguiendo hacia las condiciones productivas, aquellas que canalizan las fuerzas permisivas dispersas para viabilizar el cambio, es necesario comprender como Kirchner ha entrado en la presidencia en un escenario favorable en lo tiempo y espacio. Mientras ya estaban encaminadas las acciones necesarias para contener la crisis económica – en su poco tiempo de gobierno Duhalde consiguió acabar con la Ley de Convertibilidad, principal causa de los problemas de la época – Kirchner sólo necesitó volver al discurso político peronista de naturaleza social para conseguir apoyo de la población revuelta con las políticas neoliberais. En las vísperas de las elecciones de 2003 el Partido Justicialista no había entrado en un acuerdo sobre cual candidato ellos irían lanzar, por lo tanto, diversos candidatos fueran autorizados a participar en las elecciones. Kirchner entró con la placa electoral Frente para la Victoria y fue al secundo turno de las elecciones con Carlos Menem. En razón del macizo descredito de este último y de su probable derrota, Menem retira su candidatura y Kirchner es electo con sólo 22,4% de los votos.
La antigua agenda social peronista era demandada por todos los sectores populares, su capacidad de mutación era incuestionable, y las puertas para la defensa de la soberanía nacional estaban abiertas. Kirchner todavía experimentó óptimas condiciones internacionales en sus primeros años de gobierno, con la recuperación de los precios de exportación, el aliento de la deuda externa y el calentamiento de la economía global. Paralelamente a eso, la política cambiaria de devaluación recuperó la competitividad de la producción argentina y alivió las presiones de la elite económica. Durante su primero mandato, Kirchner busca atraer liderazgos políticos, sociales e sindicales para el ámbito estatal y gobierna con una relativa tranquilidad de las élites, no habiendo significativa formación de coaliciones en ese período.
Acerca de las condiciones de reproducción del gobierno kirchnerista – aquellas relativas a capacidad de perduración del cambio – podemos abarcar acciones en la esfera económica, laboral y social. Aunque no caiga en ese resumen extendernos en una explicación detallada de todas las políticas de Kirchner en estos campos, podemos citar la recuperación de la industria, el aliento en la demanda en razón de la caída en el desempleo, el crecimiento de las exportaciones, la solidez en las cuentas públicas y el pago de deudas. Al mismo tiempo, el presidente asumió una posición favorable a las manifestaciones laborales por aumento de salario reales, aumentó el salario mínimo, lanzó mano de políticas de transferencia de ingresos y volvió atrás con algunas privatizaciones importantes, como de la seguridad social. Su gobierno fue marcado por una relativa tranquilidad y por altas tasas de aprobación popular, siendo él reelegido para un segundo mandato.
Finalmente, se vuelve claro que Argentina ha pasado por un giro a la izquierda en la conducción de la política gubernamental, principalmente por la vuelta de la ideología peronista durante el gobierno Kirchner. A pesar del Partido Justicialista no poder se encajar propiamente como un partido de izquierda, justamente en razón de la capacidad de mutabilidad de su discurso, la coyuntura crítica argentina de comienzo de los años 2000 ha posibilitado un significativo cambio que terminó con la era neoliberal y implementó una agenda de cuño social y nacionalista, característica de gobiernos de izquierda. De hecho, Argentina terminó el mandato de Néstor Kirchner con la crisis económica de 2001 superada y con importantes mejoras en la calidad de vida de su población, contrastando fuertemente con los resultados del período de influencia norteamericana en la América Latina de los años 1990. Tenemos, entonces, una coyuntura crítica que posibilitó no solo el giro a la izquierda, como también su perpetuación, marcando profundamente la historia de uno de los países más importantes de nuestro continente.




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* Moura Pereira
Fundação de Amparo à Pesquisa de Minas Gerais FAPEMIG. Belo Horizonte, Brasil