La presente ponencia se planteó abordar la historia reciente de la República Democrática del Congo (RDC) a partir del marco teórico de la necropolítica, acuñado por el politólogo camerunés Achille Mbembe. La influencia foucaultiana es explícita en tanto la necropolítica es la superación teórica y continuación histórica de la biopolítica. Según Michel Foucault a finales del siglo XVIII los Estados-nación occidentales se adjudican este poder (biopoder) de invadir todos los aspectos de la vida, a través de las disciplinas del cuerpo y las regulaciones a la población, recubriendo el viejo poder de matar (la soberanía), en lo que el autor francés ha llamado el poder de “hacer vivir y dejar morir”. Mientras la biopolítica fue funcional a la consolidación del capitalismo, en tanto el biopoder permitió una entrada controlada de la población en la producción, la necropolítica ahora no captura al viviente a través del disciplinamiento económico-político de los cuerpos, sino más bien mediante una instrumentalización inusitada de la violencia, creando efectivamente una nueva existencia social –un mundo de muerte– y un esquema en el cual la exaltación de los aspectos más gráficos de la violencia no constituye una consecuencia colateral del sistema, sino que se constituye como un pilar constituyente. Así, la necropolítica –“poder de hacer morir o dejar vivir”– actúa en servicio de la objetivación capitalista del cuerpo su reducción a mercancía desechable o reemplazable.
A través de lo anterior se pretendió recuperar la multicausalidad y la contingencia histórica del período 1965-2016 y, en ello, rechazar las explicaciones monocausales respecto a los dos grandes conflictos panafricanos (Primera Guerra del Congo, 1996-1997, y Segunda Guerra del Congo, 1998-2003), las resurgencias bélicas en un auproclamado contexto de "pos-conflicto" y los truncamientos a una verdadera transición democrática. Fuertemente arraigadas en los medios de comunicación y aún en la academia, esas explicaciones han sido: la "paradoja de la abundancia", la idea de la identidad étnica como conflicto permanente y la violencia como una pulsión innata. Si bien se trata de tipos ideales y hay claros entrecruzamientos entre estos tres razonamientos, se seleccionaron como recortes por su vigencia y las características particulares de la RDC. A ellas se alzaron contraargumentaciones desde una clave histórica, dando cuenta de su reduccionismo ahistórico y sus orígenes coloniales.
Sin dejar meramente ese vacío explicativo, se planteó aquí entender al régimen de Mobutu Sese Seko, los dos grandes conflictos y las resurgencias bélicas del corte histórico seleccionado como una lenta institucionalización de prácticas de necropoder y necropolítica por parte del Estado congolés. A partir del diálogo que tuvo lugar entre dicho planteo teórico y la realidad histórica del Estado congolés y la Región de los Grandes Lagos, se formaron hipótesis que estructuraron el escrito: (1) el funcionamiento de los grupos armados ilegales y de algunas fuerzas armadas y de seguridad estatales, en relación a las "máquinas de guerra"; (2) la masacre y la violencia (generizada) hacia los cuerpos femeninos, principalmente la violación sexual, en relación a la cosificación capitalista y el control necropolítico de lo corpóreo; (3) la construcción de espacialidades no-estatales, en relación a los "mundos de muerte". Siguiendo ese último punto, cómo esas formas de necropolítica se manifiestan en el cotidiano, en el imaginario y en la cultura popular congolesa –principalmente a través de la vivencia de los “bashege”, el género musical “ndombolo” y la subcultura de indumentaria “Le Sape”– fueron una parte fundamental de este análisis, así como la forma en que la obra de Faustin Linkeyula y Studios Kabako pretenden reformular lo que se ha denominado como “cultura de la muerte”, reutilizando su energía y rechazando sus aspectos más materialistas y belicosos. Subyacentes a los análisis estuvieron dos procesos: la lenta reconversión de la RDC en un Estado sombra motorizado por el necropoder, con refracciones en el resto de la Región de los Grandes Lagos, y continuidades y rupturas de prácticas (pos) coloniales.