El inicio del siglo XXI representa un momento histórico que nos lleva a cuestionar, dentro de una perspectiva geopolítica, dos grandes tendencias mundiales : por una parte, asistimos al retorno de la agricultura como vector de potencia de las naciones, y por otra parte, vemos un claro aumento de los conflictos por el uso de las tierras agrícolas en el mundo. Desde la crisis alimentaria de los años 2007 y 2008, la necesidad de brindar seguridad alimentaria a la creciente población mundial puso en evidencia el papel estratégico que cumple la agricultura. Así, mientras actores públicos (fondos soberanos) y privados (fondos financieros) buscan adquirir tierras agrícolas y/o empresas agroalimentarias, los grandes países exportadores de materias primas agrícolas y de alimentos se encuentran con una nueva y potente herramienta de influencia en su poder.
Dentro de este nuevo escenario mundial, el caso de Argentina se torna muy relevante. Potencia agrícola mundial, contando con una superficie agrícola útil acerca de los 160 millones de hectáreas (correspondientes a tierras arables y montes para ganaderia), Argentina ha conocido una reconversión de su modelo de producción agrícola desde los inicios de la última década del siglo pasado con un neto cambio de su perfil productivo mediante el fenomenal crecimiento del cultivo de soja. Hoy, una de las principales materias primas agrícolas y estratégicas de exportación de Argentina (junto al trigo y al maíz), este cultivo se beneficia con una creciente y continua demanda mundial, sobre todo de parte de China. De hecho, en los últimos años, ambos países han tejido una estrecha relación diplomática alrededor de los sectores claves de la agricultura y la alimentación.
En pocos años, se afirmó un cambio de paradigma productivo en la agricultura argentina (intensificación de la producción de “commodities”, participación de actores privados del mundo financiero y concentración de la estructura productiva) y creció la presencia china en el sector agrícola. Ahora, la elección del nuevo presidente de la Nación, Mauricio Macri, brinda otra nueva oportunidad para el sector, queriendo llevarlo del “granero del mundo” al “supermercado del mundo”, al mismo tiempo que busca reformular la relación con China al abrir negociaciones con la Unión Europea y la Alianza del Pacífico.
Sin embargo, a pesar del éxito económico del modelo sojero en los últimos años y de la voluntad política actual de fomentar al sector agroindustrial, no deja de provocar serias tensiones internas e inquietudes externas. El impacto ambiental, social y territorial del avance de la frontera agrícola, los altos niveles de dependencia con respecto al mercado mundial y al gigante asiático, el desequilibro del desarrollo entre las regiones del país, la falta de infraestructuras de transportes terrestres adecuadas, la extranjerización de la tierra y de las producciones o la falta de recursos económicos del Estado son unos de los tantos retos que enfrenta hoy Argentina.
Desde ya, el siglo XXI marca la apuesta geopolítica por el control de recursos estratégicos, como la tierra y la producción agro alimentaria, entre actores públicos, privados, locales e internacionales. Argentina parece estar al cruce de estos intereses. Sus enormes capacidades recursivas (tierra, agua, agricultura, tecnología…) le ofrecen todas las ventajas para posicionarse como un actor de peso en el panorama geoestratégico mundial. Entonces, cabe preguntarse que postura mantendrá el Estado argentino en los próximos años, qué política agrícola impulsará, que relaciones diplomáticas y económicas privilegiará, que equilibrio buscará entre sus exportaciones, su integración al mundo, el desarrollo local y la soberanía alimentaria de su pueblo o también que papel jugarán los actores de la agricultura familiar.
Basada en trabajos de campo e investigaciones de tesis de doctorado, esta ponencia buscará dar respuestas a estos interrogantes y abrir un espacio de reflexión sobre la geopolítica de la agricultura argentina y su particular impacto en nuevas zonas geográficas de integración a los retos de la seguridad alimentaria mundial.