Print Friendly and PDF



Resumen de ponencia
“Del otro-extraño al otro-familiar. Reflexiones sobre la extrañeidad y la vulnerabilidad del otro en las fronteras culturales y los espacios virtuales”

*Eric Joaquín Figueroa González



En una dinámica de visibilización e invisibilización, el otro que es presentado en un primer momento como “extraño”, adquiere bajo determinadas circunstancias, la connotación de “familiar”. Nos referimos a los acontecimientos en donde se visibiliza un otro que conmueve, otro vulnerado-vulnerable. Asimismo, a raíz del avance acelerado de los medios de comunicación, y principalmente de las redes sociales, la significación del otro se ve afectada y en algunos casos, trastocada, al grado de perder por completo su “identidad”.
En este contexto, las problemáticas que se extienden más allá de nuestra propia frontera, más allá de nuestra familiaridad, de nuestra cultura, se tornan comunes a nosotros. Atraviesan distancias considerables y repercuten no obstante, en el modo en que percibimos las cosas. Aquí, la noción de espacio no se reduce más al territorio de bordes bien limitados, sino que forma parte de una virtualidad que se extiende de más allá de la propia “patria”.
Problemáticas que van desde las iniciativas del presidente norteamericano Donald Trump (construcción de un muro fronterizo, el TLC, relaciones exteriores) hasta el problema de los inmigrantes, refugiados y desplazados que vemos no solo en países como Siria o Iraq, sino también en México, Colombia, o Venezuela. En este sentido por ejemplo, a raíz de la elección de Trump y la intensificación de las leyes migratorias, actualmente en la ciudad de Tijuana, Baja California, un número importante de haitianos permanece en calidad de refugiados, esperando poder arreglar su condición migratoria para poder volver a los Estados Unidos.
Aquello que se muestra como más lejano, es también reflejo de una realidad cercana. Feminicidios, crímenes contra periodistas, discriminación sexual, racial o de clase, hacen que el otro vulnerado pueda devenir cualquiera. En cierto sentido, podría decirse que ciertas formas de discriminación se propagan a través de los medios de comunicación y son asumidas por personas que las reciben desde el otro lado del globo. Asimismo, los medios han tenido el poder de sensibilizar a otras gentes que participan de alguna manera en instituciones, organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro, como es el caso de change.org, que buscan interceder o participar de forma activa por el otro vulnerado.
Fue también noticia internacional la acción que se llevó a cabo en Mayo del presente año, en la frontera de Texas donde niños y niñas hijos de inmigrantes, fueron separados de sus padres

y confinados a una especie de cárcel (rejas dentro de almacenes) donde eran cubiertos con pedazos de aluminio que utilizaban como cobijas, hasta resolver su situación migratoria.
Surge entonces una primera pregunta en relación a ese otro vulnerado. ¿En qué medida podemos decir que somos “responsables” del otro? Pero, quizás antes de plantear una posible respuesta habría que definir qué valor se le da al otro, o mejor, encontrar los medios a través de los cuales el otro es valorado de determinada manera o discriminado y anulado.
La in-visibilización del otro no describe en términos levinasianos, la borradura del rostro, sino al contrario, la saturación, la plastificación del rostro, el exceso de lo imaginario convertido en verdad, ficción como realidad en el absurdo de la irreflexión. Prevalece de este modo, una suerte de fe en lo virtual, cosificación de lo irreal e incluso de lo ilógico, como factor de asombro, morbo y goce. Post-modernidad, donde “una” robot se humaniza (Sophia), o muñecas hiperreales remplazan el “vacío” de la relación con el otro. Ciertamente existe una hiancia, un hueco insuperable que habita el otro. Y, es ahí también que reside la posibilidad de devolverle su libertad, a través del encuentro imposible que conlleva la condición de ser siempre otro y no permanecer el Mismo, inmóvil, subyugado por el designio propio.
Hacer aparecer al otro, es una de las tareas actuales. Pero, no debe entenderse por ello una nueva reificación, sino en recuperarlo desde su extrañeza. Así, el otro aparece como una promesa que conjuga esperanza y desconcierto, hostilidad o deseo. Una promesa que siempre está por llegar, y que es, necesariamente, incalculable. Así, la promesa queda abierta y lo único que permite el encuentro, es al mismo tiempo, la contingencia como posibilidad de la relación.
De este modo, tanto el otro que tengo en frente como el que “aparece” en una pantalla, adquiere este carácter de dispersión, no a costa de mi percepción, sino quizás, de mi propia sustracción. El otro que me interpela y al cual respondo, podría decirse, me resta algo, o mejor, intercambia conmigo algo que va más allá de mi consciencia o voluntad. Pero, ¿cómo entender dicha sustracción?
Según Levinas, el amor remite a una relación con el otro en donde algo es sustraído. Pero al mismo tiempo, eso que resta suma. En otras palabras, el “resto” o aquello que se conserva debe ser entendido en función al cambio constante a partir de la interpelación del otro.
Asimismo, en la relación extrañeza-familiaridad, el otro posibilita una experiencia de apertura y transformación. Se busca por lo tanto, romper con la idea del otro como extraño “in- comprensible” e “in-apropiable”. De una deconstrucción de las categorías políticas hegemónicas circunscritas a la división de lo familiar y lo extraño: el ciudadano y el extranjero, el huésped y el hostil (hostage), etc. De desarticular el sentido de identidades fijas.




......................

* Figueroa González
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla BUAP. Puebla, México