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Resumen de ponencia
EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA FRENTE A LOS DESAFÍOS DE LA COLOMBIA RURAL EN LA CONSTRUCCIÓN DE PAZ TERRITORIAL

*Deicy Andrea Villarreal Rodríguez



Colombia se encuentra en un escenario de posacuerdo que le apuesta a la construcción de paz y donde las voluntades de los actores del conflicto y victimas confluyen para la justicia, la reparación colectiva y el buen vivir en la ruralidad. El escenario histórico resultado del Acuerdo de Paz, permite reformular las dinámicas sociales y políticas que han tendido a invisibilizar a los sectores rurales a partir de la segregación y exclusión socioeconómica desde un modelo productivo cuya base es la acumulación, la competencia, la individualidad y la explotación desmedida de los recursos, por encima de los derechos de los seres humanos y la naturaleza.

Por supuesto, este es un contexto que le exige a la educación nuevas formas de asumir la realidad, de generar alternativas opuestas a las que subsidian la violencia y la exclusión. Es necesario que la educación no se piense desde los modelos tradicionales que han desvirtuado sus objetivos sociales sino, desde las formas educativas que plantean que siempre existirán vías alternativas para la transformación de los conflictos sociales.

Aunque los objetivos de la educación parecen ser claros, en la actualidad se conservan razonamientos tradicionales que rezagan el proceso de educación rural. Algunos planteamientos académicos, establecen la necesidad de pensar la educación desde modelos constructivistas y otros más osados para el contexto colombiano, desde el carácter libertario. Si bien, esta es la exigencia de las comunidades, su realización puede volverse una utopía, considerando las condiciones sistemáticas de modelos educativos para la sumisión y la explotación. Es por ello, que se requiere que la educación debe trascender el mero proceso de informar y replicar conocimientos ya creados, para invitar a la construcción, a desaprender los vicios ligados al sistema y al conflicto, que nada aportan a la sostenibilidad del territorio, a la preservación cultural de los procesos de autonomía territorial, la generación de posturas críticas fundamentadas y la propuesta de transformación social de las regiones.

Esto es visible en la ruralidad colombiana, que, de acuerdo a sus necesidades sociales que provienen del conflicto y de las construcciones históricas de tipo estructural que en torno a este se generan, se exige desde la educación cambios substanciales que les permitan fortalecer la autonomía en sus territorios y, por supuesto, el desarrollo de procesos de emancipación respecto de la dominación económica, las consecuencias del conflicto armado y de la lógica del poder: la violencia, la pobreza estructural y la des-ruralización globalizante del campo.

A pesar de que para la actual época y el escenario de posacuerdo, estas exigencias se incrementan y los temas de educación rural están en boga desde las directrices gubernamentales y las iniciativas de organización social, el sistema educativo no parece responder satisfactoria y completamente frente a tales reclamaciones, en razón de que no existen las herramientas ni los modelos suficientes para satisfacer efectivamente dichos requerimientos. No basta con apropiarse de modelos exitosos en otros contextos, pues imponer recetas educativas foráneas, que no contemplan los saberes previos y los requerimientos de cada comunidad, genera grandes fracturas en el tejido social y origina una sociedad desvirtuada, distinta a la rural. Es necesario entonces, que, desde adentro, se promueva el derecho a la educación rural pertinente, examinando las problemáticas y dificultades particulares, y, por ende, se desarrollen procesos que contribuyan al empoderamiento de los modos de vida específicos y al mejoramiento de la enseñanza y aprendizaje en el ejercicio de educativo rural, cuya tarea social siempre debe estar en construcción.

Es evidente que la política pública educativa para la implementación del acuerdo se queda corta. No basta con asumir la educación rural para la construcción de paz a partir de las políticas de cobertura donde niños, niñas y jóvenes puedan acceder al sistema educativo, aún sin estar en las ciudades, pues responsabilizar a la escuela formal del desarrollo rural de las comunidades es centrarse solo en una parte mínima del problema. Si bien, ello incide en la reducción de ciertas problemáticas como el analfabetismo, es necesario también abordar la situación desde la óptica de los procesos informales que fortalezcan, por una parte, las dinámicas socioeconómicas del campo, especialmente las agrícolas, y, por otra, la tarea social y autogestionaria de sus habitantes que posibilitan la apropiación y dinamismo del territorio.

Aunque es cierto que la educación es un eje transformador de las realidades rurales, también lo es que no se constituyen en la única vía de transformación social. Sin embargo, es importante reconocer que de hacerse de forma consiente y pertinente en el campo, puede ser un factor desencadenante de otros procesos que contribuyan a mejorar las condiciones de vida en la ruralidad.

En consecuencia, se requiere que la educación rural trascienda la escolaridad, es decir, que se superen los límites propios del sistema, provocando que las comunidades que habitan el campo generen procesos sociales de formación, que pueden ser autogestionados o formar parte de iniciativas lideradas por organizaciones sociales o proyectos de gobierno que escapen de la mirada miope de que la educación solo puede realizarse desde las aulas, de manera que cada actor del medio rural se sienta solidario con el pueblo que habita, promueva la soberanía y autonomía económica hacia la dignificación de su libertad en el ejercicio de sus aprendizajes.

Por ello, es vital que la educación rural se entienda como los procesos escolarizados y desescolarizados que bloquean las problemáticas que originaron el conflicto armado y que permanecieron en el tiempo, para generar aprendizaje y posibilitar el desarrollo del campo, el fortalecimiento de las dinámicas productivas propias de cada territorio y la lucha por la soberanía sobre los modos de vida en el sector rural, en torno al uso de los recursos, los factores productivos y las costumbres del territorio. La educación rural debe ser vista como un derecho que involucra elementos integrales, abriendo oportunidades para la construcción de mundos posibles.

La educación rural entonces, debe desprenderse de la mirada desvirtuada y mercantil del sistema educativo actual, para ser vista desde lo social, desde la pedagogía popular, encaminando la crítica, la reflexión, la libertad y la propuesta desde el conocimiento histórico, la justicia social y la búsqueda del Buen Vivir, debe sustentarse desde la alternatividad, teniendo como fin último la transformación social con la organización, el liderazgo y la participación de sectores cuya historia no ha sido escuchada.

La educación popular, la pedagogía social, la política pública y la construcción de paz deben ser componentes integradores de la educación rural colombiana, a la vez que han cumplir unos propósitos comunes: a) responder a las exigencias de los territorios en función del fortalecimiento de sus identidades; b) luchar por la autonomía, partiendo del aprendizaje desde la crítica y la alternatividad; c) la edificación de otras formas de sociedad y la consolidación del bienestar rural; d) la inclusión de las voces que nunca han sido consideradas; y, e) la construcción de hechos pedagógicos experienciales con resultados educativos desde y para la vida. Así, educar en el campo constituye un proceso emancipatorio que posibilita el avance sistémico de las comunidades con la articulación de esfuerzos mancomunados para promover y generar transformaciones sociales entre los participantes, las instituciones y el estado.

Identificar los problemas rurales desde su raíz no es tarea fácil, pero es posible viabilizar sus soluciones desde la educación con sectores históricamente relegados, constituyendo alternativas potenciales de transformación. Por ello, indagar desde la realidad y construir participativamente prácticas educativas rurales contextualizadas permitirá una relación fuerte entre el Estado, las comunidades y su autonomía, fundando formas de aprender, asumiendo la educación desde una óptica donde los participantes se conviertan en cuestionadores, persigan desafíos y propongan alternativas renovadoras. De este modo, la Educación rural permitirá asumir los desafíos actuales propiciando la transformación social si se realiza mancomunadamente desde procesos pedagógicos alternativos que fortalezcan el tejido social y promuevan poblaciones más humanas, propositivas, solidarias, sensibles y organizadas que aportan a la construcción de paz de los territorios. La educación como componente de la estructura de la sociedad, invita y genera empoderamiento y preservación del conocimiento milenario, es formación sobre las sensibilidades, los valores y los sentires de cada territorio.





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* Villarreal Rodríguez
Facultad de Ciencias Humanas y Sociales Universidad Cooperativa de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas y Sociales. Universidad Cooperativa de Colombia - UCC. Antioquia. Medellín. , Colombia