Mariano Otero en su función de Ministro de Interior y del Exterior en México, fue el total apoyo que dio a los mexicanos que quedaron ocupando sus tierras y posesiones en un nuevo país que no los quería, en otras palabras eran propietarios de tierras tras el termino de una guerra que exigía en buena parte su expulsión. Muchos de ellos fueron hostigados y expulsados por considerarlos enemigos en el reciente recuerdo de la Guerra ente los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América. Para la defensa de sus derechos y propiedades, Mariano Otero en su cargo como Siendo Ministro de Exterior y del Interior, logró asistir a numerosas familias con apoyo pecuniario para su traslado a nuevas tierras del lado mexicano. Entre las numerosas peticiones de apoyo podemos enumerar los casos de las comunidades nativas de las tribus asentadas en territorio mexicano antes de la Guerra México/EUA. Estas comunidades fueron los pueblos Kikapú, Seminoles y Mascogos, que solicitaron al gobierno mexicano su regreso a territorio mexicano, años después del conflicto armado.
A partir del Tratado Guadalupe-Hidalgo, suscrito en 1848 por las autoridades mexicanas y su contraparte estadounidense, definieron la nueva frontera territorial entre ambos países. Este expansionismo estadounidense no sólo se presentó hacia México sino también hacia los territorios con población nativa. Igualmente iba dirigido contra las naciones coloniales europeas que se oponían a la ampliación territorial estadounidense.
Esta política estadounidense no puede ser definida en términos de una mera ampliación territorial, sino como resultado de un desarrollo económico, político y militar. Si nos detenemos un momento a reflexionar sobre este violento expansionismo, como un proceso de acumulación de capital y a la vez la formación de una entidad nacional, puede comprenderse, pero no justificarse, una lógica de destrucción y aniquilamiento de las culturas nativas americanas. Con ello agrego, que estos grupos no estaban dispuestos a ser integrados como trabajadores, o como consumidores. La respuesta estadounidense, fue sin duda, una la guerra de exterminio y el premio para los sobrevivientes fueron las reservas territoriales en tierras infértiles. Este fue el caso de la frontera entre México y los Estados Unidos
En esta guerra que describimos arriba, las tribus Kikapú, Seminoles y Mascogos como muchos otros pueblos indígenas, resistieron con fiereza y dignidad durante décadas, infligiendo derrotas memorables a los europeos y sus descendientes americanos, pero desplazándose inevitablemente hacia los territorios infértiles que finalmente ocuparon. Sin mencionar otras desgracias, podemos agregar la descomposición de estas tribus debido a otros elementos introducidos por la migración europea, tales como el licor.
En efecto, tras la Guerra México Estados Unidos, hubo numerosos grupos de familias mexicanas, que decidieron abandonar el nuevo territorio estadounidense y regresar a México. Particularmente, en el año de 1859, hubo numerosas familias de los grupos étnicos Kikapú, Seminoles y Mascogos, que decidieron regresar a territorio mexicano en base a lo dispuesto en el Tratado Guadalupe-Hidalgo. Su objetivo era cruzar la frontera y solicitar su ingreso a territorio de México. Por ello y basados en la protección consular y a las disposiciones del Tratado Guadalupe Hidalgo, fueron recibidos y dotados de tierras en México.
En el caso de la entidad federativa de Coahuila, donde centraremos nuestro análisis, el gobierno mexicano ubicó en esta entidad a numerosos miembros de estos grupos. Estos son los casos de los grupos étnicos denominados; Kikapú, Seminoles y Mascogos entre los años de 1848 a 1851. El Archivo General del Estado de Coahuila muestra y conserva estas peticiones dirigidas directamente al ministro de relaciones Exteriores. Hoy son ciudadanos mexicanos que ocupan propiedades con leyes especiales. La historia de estos pueblos ha sido en parte olvidada, a pesar de seguir viviendo y trabajando en esta parte del continente americano.