Buena parte de la literatura especializada señala la emergencia del fenómeno de la “nueva ruralidad” con el que se sintetiza una serie de transformaciones que vienen operando desde fines del S XX y que tienen como resultado el restablecimiento y la revalorización de “lo rural”. Se trata de procesos materiales y simbólicos que ponen la atención en ese espacio rural que para muchos teóricos tendía a desaparecer frente al avance de la “ciudad moderna”.
La ponencia se propone identificar y caracterizar el rol que juegan los procesos de turistización (en particular, el turismo rural) en el fenómeno de la nueva ruralidad, señalando de qué manera el campo comienza a transformarse de espacio de producción en espacio de consumo.
Como sostienen algunos autores, el turismo rural (en cualquiera de sus manifestaciones, ya sea como agroturismo, ecoturismo, turismo aventura, de naturaleza, científico, etc.) representa una de las formas “no agrarias” de valorización de las áreas rurales (Castro H. y Zusman, 2016 ).
Desde una perspectiva material, la dinámica turística redefine al campo a partir de:
• los fenómenos de valorización de las tierras y reacomodamiento del mercado de tierras
• las disputas por la ocupación física de ciertos espacios que se definen como potencialmente turísticos y son objeto de algún tipo de patrimonialización formal ó informal
• las disputas por el uso de determinados recursos naturales: ríos, lagos, playas, boques, etc. sobre si se puede hacer un uso privado ó público de los mismos
• las fracturas sociales producto de la apropiación del excedente de los recursos que genera la actividad (los que trabajan del turismo vs. los que no; con una particularidad en caso de que el turismo sea extranjero y los beneficios se expresen en acaparamiento de divisa, moneda más fuerte que la local)
• el avance de las obras de infraestructura (que promueven la conectividad, ó de tipo residencial) sobre recursos naturales ó comunidades asentadas
• en el caso del agroturismo, en el abandono y reconfiguración de actividades productivas por no ser “agradables” a los turistas: por ejemplo, el abandono la cría de cerdos en una granja.
Sin embrago, en paralelo a esto fenómenos, se producen una serie de transformaciones en la dimensión simbólica que contribuyen a revalorizar al campo como espacio y objeto de consumo.
A partir de investigaciones recientes se propone mostrar, cómo dicha revalorización ó “vuelta al campo” impulsada por el turismo (y los procesos de activación turística y patrimonialización creciente) contribuye a resignificar (a través de nuevas imágenes y representaciones del “campo” y del mundo rural) al campo como espacio de consumo.
Estas operaciones simbólicas dan forma a una imagen del campo diferente de la tradicional representación “productiva” de este espacio social. Así, el campo aparece construido
• Como espacio de “naturaleza”: el ecoturismo y sus prácticas asociadas, la compra de grandes extensiones para su valorización a partir del turismo de naturaleza, avistaje de especies en peligro de extinción,
• Como “paisaje”: escenario visual para disfrutar de manera diferente a la ciudad. La “búsqueda” del verde, de la contemplación de “otro” cielo y de “nuevas” estrellas, de superficies interminables sin límites ni horizontes, etc
• Como “lugar”: como escenario ó reservorio de cultura y de historia. Como aquel espacio en el que “se va a buscar” la cultura, donde se mantienen prácticas “ancestrales” y donde “vive” el folklore.
Todas ellas, de una u otra manera producen una cierta idealización del campo, que, de la mano de los procesos de valorización residencial (el otro fenómeno de valorización no productiva del campo) lo refuerzan como espacio intocado, agreste, prístino, sin conflictos, seguro, tranquilo; en fin, sin los “males” de la ciudad y como refugio de ella.
A su vez, desde la perspectiva de la subjetividad contemporánea y sus transformaciones, estas imágenes se entremezclan con la emergencia de la emocionalidad y la sensorialidad posmodernas (una de las manifestaciones de la crisis de la razón) sobre la cual se construye el dispositivo que promueve la práctica turística como escenario de nuevas experiencias: “vivir” el campo, “sentir” el campo.
Asimismo, estas imágenes se asientan sobre (y se construyen como) una superposición de crisis:
• Crisis de la vida urbana: deterioro de los lazos de sociabilidad tradicionales, aceleración de los “tiempos de vida” y crecimiento de la inseguridad.
• Crisis ambiental: degradación de los entornos y recursos naturales
• Crisis alimentaria: decadencia de la calidad de los alimentos a propósito de los procesos de industrialización y manipulación de sus características y condiciones naturales
En todos los casos, frente a estas crisis, aparece lo rural como “reservorio” de lazos sociales añorados, acceso a espacialidades inalteradas y locus de producción y consumo de alimentos de calidad. En todas estas construcciones, además, reaparece el concepto moderno del hombre “por fuera” de la naturaleza.
Vemos así como, a partir de estas nuevas operatorias turístico-comerciales se construyen y ponen en juego estas imágenes del espacio rural que terminan por posicionar al “campo” como nuevo espacio de consumo.