Resumen de ponencia
Los imaginarios y las representaciones sociales sobre el país, la política y el político en jóvenes latinoamericanos.
*Elizabeth Ballén Guachetá
*Luis Enrique Perez Mendez
En términos de la democracia electoral se asume que los y las jóvenes no participan debido a que menos del 40% del padrón electoral acude a las urnas, tan sólo en el caso mexicano; sin embargo, este distanciamiento lo que expresa es la poca confianza que tienen hacia la rectitud de estos procesos como a los actores que participan. De tal manera, esta situación nos invita a exponer cómo estos jóvenes a lo largo de sus trayectos de vida van constituyendo las imágenes que dan forma al modo de vincularse con el sistema político en el cual habitan.
Esta investigación se apoya en los aportes teóricos de los imaginarios y representaciones sociales cuyos exponentes clásicos son Serge Moscovici, Cornelius Castoriadis y Bronislaw Baczko, que permiten establecer un punto de partida para aproximarse al actuar de los jóvenes entendiendo que hay un sustento ideográfico sobre la política o lo político que atraviesa su subjetividad para hacerse presentes en el espacio público.
Asimismo, algunos autores más recientes como Jean Claude Abric, Eduard Durand y Denisse Jodelet; ofrecen estudios de casos que ejemplifican algunos métodos para la recolección de la información.
Por ello, mediante la metodología de mapas asociativos que propone Jean Claude Abric (2001), se pidió a un grupo de estudiantes de preparatoria que con tres palabras definieran al país, con otras tres a la política y otras tres más al político. Esto se realizó en dos colegios del sur de Bogotá, Colombia, y en dos preparatorias de la ciudad de Puebla en México. De igual modo, se aplicó en Bolivia y en Argentina.
Todo lo anterior, con el objeto de conocer el imaginario y las representaciones sociales que tienen los y las jóvenes, de diferentes países de Latinoamérica, sobre el país donde viven, la política y los políticos. Con estudiantes de licenciatura o pregrado se trabajó con encuesta de escala Likert para aproximarse a la percepción que tienen del contexto político en que viven y sienten.
El imaginario en los cuatro países resulta fatalista, los jóvenes no creen en su políticos, la política les parece corrupta y un buen número quieren salir de sus países de origen ante la falta de oportunidades y la inseguridad.
El panorama tan poco alentador que tienen los jóvenes con relación al país es debido a la interrelación con los agentes de socialización primaria: es decir, la familia, la escuela, los medios de comunicación, ahora redes sociales por el auge de la tecnología, e incluso por los propios pares; de manera que los imaginarios sociales son múltiples y variados, construcciones mentalmente compartidas de significancia práctica del mundo, [que] a grandes rasgos funcionan para otorgar sentido (Baeza, 2011, p.33).
Por consiguiente, los y las jóvenes viven bordeados por todas partes de mensajes que muestran lo violento, lo corrupto, lo estancado, lo viejo del mundo donde viven; que orientan su preocupación hacia el desarrollo individual, por ejemplo, desde el hogar se espera que el o la joven termine su carrera universitaria se inserte al campo laboral y comience un camino de independización, sin embargo, el panorama económico-político no es alentador en ese rubro, pues en la actualidad una carrera universitaria no asegura un salario que permita satisfacer las múltiples exigencias del sistema, por lo tanto, la independización es cada vez más difícil y la juventud en términos de dependencia al núcleo familiar se prolonga.
Como consecuencia de lo anterior se encuentra en la experiencia lingüística expresiones que denotan su preocupación por el aquí y el ahora, la sobrevivencia momentánea, el YOLO (You Only Live Once, su versión en inglés) refleja tal imaginario.
En ese sentido, Nateras afirma: “el futuro no existe ante la imposibilidad de construir un proyecto de vida digno y aceptable en el aquí y el ahora de sus existencias sociales, de sus requerimientos, de sus deseos y sus imaginaciones. Estamos ante sectores juveniles que bien los podríamos caracterizar como des-institucionalizados o invisibles” (2016, pp. 24-25).
La pregunta es entonces: ¿Qué estrategias educativas debemos implementar los docentes con el objeto de cambiar este imaginario en los jóvenes y hacer que vivan y sientan el país a la vez que se forman como recursos humanos para resolver las necesidades del mismo? Sin duda, nuestra labor formativa será decisiva en la formación de nuevos ciudadanos participativos y pro activos en beneficio de nuestros países.