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Resumen de ponencia
Formaciones de estado subnacional. La construcción de moralidad en torno al trabajo en la producción de estatalidad durante el ciclo del obraje, Santiago del Estero (1880-1945)

*Jose Vicente Vezzosi




Desde un enfoque relacional y de largo plazo se busca contribuir a la comprensión de los procesos de producción y reproducción de la desigualdad en zonas periféricas de la modernidad capitalista, revisando el vínculo entre el desarrollo del capitalismo y las formaciones de estado a escala subnacional, en tanto dimensión co-constitutiva de lo nacional. En ese marco, se plantea como objetivo general analizar los procesos de producción de estatalidad en la Provincia de Santiago del Estero en la primera mitad del siglo XX. Al respecto, se propone identificar la construcción de moralidad en torno al trabajo en el proceso de producción de estatalidad en la Provincia durante el ciclo del obraje (1880-1945). Se focalizará la mirada en el contenido moral de las principales instituciones laborales creadas durante el período, los mecanismos (coactivos o económicos) utilizados para su aplicación y los discursos puestos a circular por agentes intelectuales, religiosos, estatales y mediáticos en cuatro coyunturas específicas: la institución de la ley de servicio a jornal (1887); el proceso de emergencia de la cuestión social y su incorporación a la institucionalidad estatal mediante la creación de la Oficina Provincial de Trabajo (1917); la creación del Departamento Provincial de Trabajo (1937); la aplicación del Estatuto del Peón Rural (1944).
Se abordará el análisis de la formación del estado santiagueño, en tanto proceso cultural inacabado que implica dimensiones simbólicas, materiales e institucionales. Dimensiones que aparecen vinculadas a la construcción de hegemonía a diferentes escalas, en la que intervienen diversos agentes, que, desde lugares jerarquizados del espacio social, con modalidades diferenciadas y con desiguales capacidades de incidencia, se instituyen y disputan públicamente (desde auto-nominaciones y nominando a otros) una diversidad de demandas y reclamos, acabando por configurar prácticas de producción de estatalidad, cuyos efectos son todavía visibles en la configuración actual de la sociedad santiagueña.
La primera mitad del siglo XX estará marcada por la sucesión de proyectos (agroindustrial primero y agroforestal después) a través de los cuales se buscó insertar a la provincia en el esquema capitalista internacional (Tasso, 2007; Dargoltz, 1991), y -de ese modo- ingresar a la modernidad (Aparicio, 1987; Bolsi y otros, 2006). Más allá de los resultados de esos intentos -devastación ecológica, expulsión de poblaciones nativas por la conquista del Chaco, explotación intensiva de la mano de obra local, la profundización de las migraciones estacionales por trabajo, dependencia financiera-, durante el período la cuestión de la modernización de la provincia -como proceso necesario contra el atraso y el destino trágico de la pobreza (Dargoltz, 1980)- terminó ocupando un lugar simbólico central en la producción de prácticas de estatalidad. El eje tradición-modernidad (Vargas y Vezzosi, 2018) se articuló -fundamentalmente- en torno a tres dimensiones estructurantes de la condición periférica santiagueña: la económica, la étnica/racial y la ecológica (Mastrangelo, 2012). En el cruce entre aquella dualidad y estas dimensiones se construyeron una serie de prácticas y discursos morales que naturalizaron y profundizaron la desigualdad.
Desde fines del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX el obraje maderero -en tanto institución económica, cultural, política y ecológica- será el espacio articulador de ese proceso, planteado en el marco de un proyecto de desarrollo que permitiría ganar tierras para el cultivo (arrasando el monte existente), dotar de recursos financieros al estado y emplear a grandes sectores poblacionales marcados racialmente, cuyas prácticas y saberes -considerados tradicionales- fueron señalados como obstáculos para el nuevo esquema de orden y progreso.
La explotación de las maderas duras del monte santiagueño, mediante masivas ventas o arriendos de tierras fiscales para explotación, a manos de capitales internacionales, nacionales y locales traerá aparejado un incipiente proceso de modernización tecnológica y urbana sin precedentes . A medida que se abrían vías ferroviarias (Canal Feijó, 1934; Di Lullo, 1999 [1937]; Alén Lascano, 1992; Dargoltz, 1991; De Estrada, 2011) avanzaba el impacto de los ingresos forestales en el presupuesto provincial. Sin embargo, el sistema consolidado en torno al obraje constituiría más que una industria un “problema social” (Canal Feijóo 1948:111) que se sostenía sobre un esquema de explotación obrera, basado en el sistema de contratistas y aprovechando el aislamiento de la población por las distancias y las condiciones de accesibilidad, que permitía hacer de los precios de la proveeduría del obraje una variable más a favor de la rentabilidad del empresario (Dargoltz,1991; Olmos Castro, 1945; Gomez, 1978 [1942]) .
Desde su emergencia en el decenio de 1880 es posible diferenciar dos grandes períodos en el ciclo del obraje (Tasso, 2007). Luego de que en las primeras dos décadas del siglo XX se transformara en el principal ingreso de la provincia, hacia 1930 la “industria anti-forestal” (Canal Feijoó, 1948) llegó al fin de su primer período de explotación como consecuencia de la disminución de la demanda de postes y durmientes a raíz del estancamiento en la expansión de la frontera agrícola y de las vías férreas en el marco de la crisis económica mundial. La reactivación se producirá a partir de 1939, con la Segunda Guerra Mundial, desatándose una nueva fase de explotación sin planificación ni límites. Si en el primer ciclo, la demanda de madera privilegiaba especies y tamaños para postes y durmientes, ahora se trataba de reemplazar la hulla inglesa como combustible para las locomotoras. La lectura de estos ciclos en relación a los presupuestos provinciales y las estadísticas de “producción” dan cuenta del impacto económico-financiero para la época. Conforme consta en el “Anuario Estadístico de la Provincia” del año 1943, en 1942 se extrajeron 1.7 millones de toneladas de leña, y 300 mil de carbón. Según consignan los datos del transporte ferroviario, el producto total de los obrajes despachado en 1942 sumaba 53.754.034 pesos, que significaba –por carga de impuestos directos- el 20% del total del presupuesto de la Provincia .
El sistema del obraje había adquirido enorme centralidad económica, pero también política, cultural y social. Por la paulatina generalización del voto cobraría cada vez más importancia el papel del dirigente local, un rol basado en el contacto directo y la influencia sobre los sectores populares que anteriormente había sido desempeñado por estancieros y más tarde por finqueros, y que a partir de entonces será ocupado por comerciantes y obrajeros (Tasso; 2007:245). Hacia 1946 (cuando el obraje estaba ya en franca decadencia) sobre una población de 590 mil habitantes, se calculan entre 100 mil 150 mil los obreros de la industria forestal, lo que otorgaba un rol fundamental al obrajero en las elecciones (Olmos Castro, 1942).
La hipótesis que se pone en juego es que, en el proceso de formación del estado subnacional santiagueño durante el ciclo del obraje, la construcción de moralidad sobre el trabajo -que será reconstruida en el análisis de los instrumentos anteriormente mencionados en las coyunturas especificadas- ha ocupado un lugar central en la producción de estatalidad. En torno a la dualidad tradicional-moderno se construyeron discursos, prácticas e instituciones que naturalizaron determinadas formas de relación entre capital y trabajo, mediadas -en este contexto- por el discurso racista y etnocéntrico (que se expresó de diferentes maneras y en alusión a distintos grupos: lo europeo, lo indio, lo árabe, lo negro) y la idea del crecimiento económico basado en la explotación de la naturaleza. La producción de la diferencia legitimó la desigualdad social y ésta -a su vez- profundizó las diferencias sobre la base de la producción depredadora (naturaleza-desarrollo), la esclavización de la mano de obra (trabajo-capital) y la culpabilización del atraso al carácter tradicional atribuido a esa población (la cuestión étnica-racial).




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* Vezzosi
Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud. Universidad Nacional de Santiago del Estero - FHCSyS/UNSE. Santiago del Estero, Argentina