Los catalizadores psicosociales son esenciales para propagar la violencia de género Están insertos en las reglas de relación con las que construimos y organizamos nuestras sociedades. Ocultos en la transparente naturalidad de lo cotidiano, justificados por las tradiciones, defendidos por los más diversos sectores de la sociedad son ellos los que garantizan que persista la violencia de género tal como la conocemos. Estos procesos y operaciones sociales pueden acelerar los cambios, frenarlos, estimular nuevos estilos de vida y también abrir camino a las más aterradoras de las conductas violentas con las mujeres.
Lo más frecuente es que los catalizadores de la violencia de género no sean detectados por la mayoría de la población. Lo que vemos rápidamente en la superficie social son los insultos, el acoso, el maltrato y los femicidios. Lo que no vemos tan sencillamente son los procesos y operaciones psicosociales que diariamente sostienen esas violencias, las tornan realizables y hasta las justifican. Estos procesos sólo resultan perceptibles si los identificamos y los definimos como tales.
La pregunta habitual ante violaciones y femicidios es “¿cómo puede haber ocurrido algo tan terrible?”. Se repite una y otra vez. Frente a las agresiones más salvajes a las mujeres uno de los comentarios ineludibles acerca del agresor es: “No es un hombre, es un monstruo”. La palabra “monstruo” dice que el actor no es “normal” que solo puede ser concebido como un extremo de las fantasías de terror, que es ajeno a la comunidad civilizada, que “nada tiene que ver” con los demás.
Antes que la ciencia identificara los catalizadores biológicos, los fluídos y acelerados procesos químicos que caracterizan la vida se atribuían a la presencia del “espíritu vital”.
Los abusadores y asesinos de las mujeres no son extraños, pertenecen a la comunidad a la que pertenecen sus víctimas. Es más, la gran mayoría de los actos de violencia de género son cometidos por conocidos y familiares de las mujeres atacadas. En Argentina, los datos muestran que en el año 2015 en un 70% de los casos de femicidio los perpetradores eran allegados a la víctima.
Por tanto, los actos de violencia de género no se deben a que sus actores sean una aberración de nuestra humanidad. La frecuencia y regularidad con que ocurren se debe a que están facilitados por potentes aceleradores psicosociales que garantizan su realización, permiten que se regeneren y aseguran su continuidad en el tiempo.
Los catalizadores psicosociales que operan se mantienen inalterados a lo largo de años y resisten con notable dureza fuertes intentos por desarticularlos. Su resiliencia permite entender la reaparición de conductas violentas que ya parecían superadas y los brotes reiterados de epidemias que “surgen de la nada”.
Detectar catalizadores
La vida, tal como la conocemos, no existiría sin la presencia de catalizadores. Necesitamos reconocerlos, que existen dentro de la trama de relaciones en que participamos todos. La descripción detallada de los cinco procesos y las seis operaciones que catalizan las violencias de género puede abrir camino a una diferente planificación de los programas destinados a proteger a las mujeres.
Los actos de la violencia contra las mujeres parecen emerger como aislados. Pero no lo están. Son en realidad eslabones de una trama compleja hundida en lo cotidiano y recubierta por operaciones de desconocimiento que hacen muy fluida su realización. Cada ciclo de violencia es facilitado por uno o más catalizadores que a menudo abastecen al siguiente. Su operatoria continua es uno de los problemas más importantes que impiden terminar con la desigualdad social de los sexos.
Soluciones Insuficientes
Diversas estadísticas demuestran que la Argentina está entre los tres países con más femicidios en Latinoamérica, junto con Honduras y El Salvador. Nuevas leyes, marchas masivas y múltiples proyectos de organizaciones sociales no han logrado modificar esta estadística en la Argentina. Los procesos psicosociales que catalizan la violencia de género y tienden a mantenerla estable.
Las acciones espasmódicas de prevención o asistencia sirven para tranquilizarnos de que estamos haciendo “algo” pero no sirven para proteger de modo amplio la salud y la vida de los millones de mujeres que en nuestro país y en el resto del mundo están en riesgo.
Para desbaratar la violencia de género es necesario ubicar y desarmar los potentes aceleradores psicosociales que las viralizan. Estos no se extinguirán por sí mismos de la misma manera que no se agotan dentro de cada conducta violenta que facilitan. Después de actuar catalizando quedan intactos y son reutilizados en la producción de nuevas violencias.
Los catalizadores psicosociales son flexibles y perdurables y se conciertan entre sí haciendo que los actos que victimizan a las mujeres se sigan los unos a los otros, como las estaciones del año, sin pausas y sin interrupciones. Solo su confrontación sistemática y reiterada podrá desmontar estos procesos y operaciones y con ello la violencia de género que facilitan.
Procesos psicosociales: facilitadores de la violencia de género
Los más importantes de la violencia son:
1 Legalización
2 Invisibilización
3 Insensibilización
4 Naturalización
5 Encubrimiento
1 Legalización
La legalización se produce cuando el poder legislativo y/o el sistema judicial, que están a cargo de garantizar la igualdad de las personas ante la ley no ejercen sus funciones como les incumbe. Cuando la Justicia no restablece a las víctimas la plenitud de sus derechos, se produce una situación similar a la que pasaría si los bomberos llamados a apagar un incendio tiraran gasolina en medio de las llamas. El Poder Judicial y la policía dejan de ser parte de la solución para agravar el problema.
2. Invisibilización
Nuestra capacidad para reconocer los actos violentos se apoya básicamente en las creencias y costumbres de la comunidad en que nos criamos y en los criterios éticos que hemos aprendido. Los procesos psicosociales de desconocimiento de los actos violentos contra las mujeres tienden a enmascararlos para que no los reconozcamos como tales.
Los procesos de invisibilización tienden a hacer todo lo posible para que no detectemos los actos de violencia, y en particular para que no percibamos el sufrimiento de las mujeres. Estos procesos tienen una multiplicidad de causas y de maneras de operar. En muchos casos solo las intervenciones específicas de organismos especializados logran sacarlas a la luz y volver a hacerlas visibles.
3. Insensibilización
Cuando las acciones violentas contra las mujeres se repiten muy a menudo se genera un efecto muy similar al de la tolerancia a la droga. Como en las adicciones, se requieren dosis cada vez mayores de violencia para que sea percibida como tal. Ese acostumbramiento se llama insensibilización. Se trata de un proceso psicosocial que viene facilitando la violencia de género con pequeñas variaciones desde hace siglos si no milenios. Al cristalizarse la insensibilidad, adquiere las cualidades de una barrera emocional infranqueable.
4. Naturalización
El proceso de naturalización es un potente catalizador que dificulta identificar a las violencias de género. Habilita a aceptar los comportamientos violentos contra las mujeres como algo natural. Está tan difundido que podemos encontrarlo en toda clase de comentarios cotidianos, en las publicidades y hasta en las canciones de amor.
La creencia de que “los hombres son así” referida a un acto violento de un hombre contra una mujer supone un catalizador según el cual el ataque a una mujer es propio de la naturaleza masculina y que los hombres no pueden comportarse de otra manera.
Se ha atribuido a los genes y a la hormona testosterona la violencia de ciertos hombres. Vincular las conductas violentas directamente a la biología es un reduccionismo que genera confusiones y es una de las muchas maneras en que la violencia de género tiende a hacerse natural y por lo tanto indiscutible. Se atribuye al funcionamiento biológico algo que claramente pertenece terreno de la cultura.
5. Encubrimiento
Es un catalizador de la violencia contra las mujeres que consiste en ocultar e impedir, por diversos medios, que sepa la verdad sobre los crímenes que se han cometido o se están cometiendo. Los delitos se esconden bajo densas capas de silencio que impiden conocer lo ocurrido. El proceso de encubrimiento es un gran catalizador de las más diversas violencias de género. Está a disposición de las instituciones, las familias y todo aquel que necesite proteger su buen nombre y eludir los castigos por sus actos violentos.
Operaciones psicológicas facilitadoras de la violencia de género
OPERACIÓN 1: Minimizar la importancia de los costos materiales y humanos que generan las violencias. Descalificar como “blando” a quien trata de considerarlos.
OPERACIÓN 2: Revictimizar: transferir la responsabilidad del crimen del victimario a la víctima.
OPERACIÓN 3: Subrayar y exagerar las diferencias entre los hombres y a las mujeres.
OPERACIÓN 4: Exagerar la incompatibilidad entre los intereses enfrentados en los conflictos de género y excluir toda posibilidad de coincidencia.
OPERACIÓN 5: Exaltar e idealizar el valor de los logros triunfales masculinos.
Los caminos de la no-violencia
El caso de Rocío Girat, y su padecimiento crónico de violencia de género, muestra cómo se pueden desactivar uno a uno ocho procesos catalizadores que la facilitan y lograr un grado de solución más aceptable.
1. Visibilizar
2. Desencubrimiento
3. Revisión de la sentencia judicial
4. Sensibilizar
5. Desnaturalizar
6. Denuncia contra la negación
7. Oposición de la comunidad
8. Invisibilización 5 años