En otro trabajo (Figueroa y Nájera, en prensa), en el que pusimos a debate la noción de transferencia de conocimiento concebido como un derrame, spillover o externalidad positiva producto de la inversión extranjera directa (IED) en países receptores no desarrollados –en un marco de evidente apertura económica–, pudimos comprobar las limitaciones de esta línea de argumentación de la teoría económica de la innovación en un país como México. En todo caso, dicha transferencia es técnica o técnico-social, es decir, se constriñe al conocimiento de la existencia, al uso y manejo de tecnologías provenientes de las empresas matrices, así como de procesos organizativos y administrativos, pero en ningún modo es científico-tecnológica. Esto fue demostrado a través de factores como las patentes, los laboratorios de investigación y desarrollo (I+D) y la nacionalidad de los inventores.
En esta ocasión –y como complemento a lo realizado anteriormente–, nos intriga indagar en los mecanismos y dimensiones en que una plataforma subdesarrollada, como lo es México, apoya para engrosar la investigación y desarrollo de países centrales –particularmente de los capitales que tienen su origen en ellos–, una vez que hemos comprobado que la aportación en la materia de estos últimos hacia nosotros es claramente limitada o prácticamente inexistente. En este sentido, otros autores han señalado con antelación la transferencia de efectos expansivos derivados de nuestra condición de subdesarrollo y dependencia hacia los países desarrollados (Figueroa, V., 1986, y Dos Santos, 1999 [1978]). Al no abrirse ciertos procesos productivos sofisticados en este polo, sacrificamos producción, empleo, capacitación y ganancia que sí tendrán lugar en las naciones a las cuales les compramos los productos de tales procesos. Nuestro crecimiento económico aparece, así, por debajo de su potencial, mientras que en el polo desarrollado aparecerá por arriba (Figueroa, V. 1986). A pesar de la claridad que existe en torno a nuestra situación, como nación hemos ido más allá en afianzar nuestra desventaja, al apoyar –con el aval de la política pública– de forma aún más directa a los titulares del monopolio tecnológico. Esto lo afirmamos al encontrar una herramienta específica de fomento a la innovación que significa otra vía de transferencia de recursos.
Se trata de un programa gubernamental, promovido a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) de México, denominado Programa de Estímulos a la Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación. Éste se conforma, a su vez, de tres modalidades: a) INNOVAPYME, dirigido a las unidades micro, pequeñas y medianas; b) INNOVATEC, con atención a la gran empresa, y; c) PROINNOVA, que tiene como intención promover la innovación mediante alianzas entre empresas y centros educativos y/o de investigación, muy en la tónica de la Triple Hélice de Etzkowitz y Leydesdorff (2000). Para la construcción de nuestro argumento, y tomando como base los proyectos beneficiados del Programa en 2016 –resultados de la convocatoria 2015–, revisaremos la proporción de los negocios apoyados de acuerdo a su tamaño, su disposición a la vinculación y, especialmente, el origen del capital (Ibarra y Santín, 2018). Mediremos, así, qué tanto de ese recurso monetario estatal es acaparado por las transnacionales, y si buscan este apoyo financiero a través de alianzas o no con agentes nacionales. Más allá de esto, averiguaremos en qué proyectos específicos se emplea ese recurso, para hacernos de una noción de la complejidad o no de la investigación que realizan en el país mediante este subsidio, y si hubiese una intención anunciada de lograr alguna patente de innovación o de otro tipo.
Nuestra hipótesis son: 1) Es la gran empresa transnacional la que mayormente se beneficia del recurso estatal dirigido a la innovación; 2) Es la pequeña y micro empresa –principalmente de capital nacional– la que mayor disposición tiene para vincularse con universidades y centros de investigación locales; 3) Las tareas que se proponen realizar los organismos transnacionales en suelo mexicano no son de alta complejidad tecnológica.
Adicional a lo anterior, creemos que el recurso en cuestión también ha servido para las cuentas que las transnacionales reportan como gasto en I+D en México. A saber, para 2014, las filiales estadounidenses registraron una inversión de ciencia y tecnología de 332 millones de dólares en México. Vale decir que ello representa sólo el 0.24% de todo lo invertido por dichas filiales en el sector manufacturero del país (OECD.Stat, 2017a), y el 1.08% de lo que invierten en el rubro científico-tecnológico en todo el mundo (OECD.Stat, 2017b). Insistimos en la alta probabilidad que existe de que lo reportado por estas empresas como gasto en I+D provenga del Estado Mexicano mismo.
Nota: Este proyecto contó con el valioso apoyo de Miguel Ángel Ibarra Tornero y Víctor Damián Santín González, estudiantes de la Licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma de Sinaloa, México, los cuales realizaron una estancia de investigación con la autora, en el marco del XXVIII Verano de la Investigación Científica promovido por la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).
Referencias citadas en el resumen
Dos Santos, T. (1999). “El nuevo carácter de la dependencia”. En Ruy Mauro Marini y Theotonio Dos Santos (coordinadores). El pensamiento social latinoamericano en el siglo XX, Tomo I (pp. 301-323). Caracas: UNESCO.
Etzkowitz. H. & Leydesdorff, L. (2000). “The dynamics of innovation: from National Systems and ‘Mode 2’ to a Triple Helix of university-industry-government relations”. Research Policy 22 (2), pp. 109-123.
Figueroa Delgado, S.A. y Nájera Solís, G. (2018). “Inversión Extranjera Directa y derrames tecnológicos; Una correlación cuestionada desde la experiencia mexicana”. En prensa.
Figueroa, V. M. (1986). Reinterpretando el subdesarrollo. México, D.F.: Siglo XXI Editores.
Ibarra Tornero, M.A. y Santín González, V.D. (2018). Base de datos PEI 2016. Convocatoria 2015 – 769 empresas, 918 proyectos. Construida para consumo interno, con base a las Fichas Públicas del CONACYT (2016) y con la asesoría de Miguel Omar Muñoz Domínguez y Silvana Andrea Figueroa Delgado. México: Unidad Académica de Ciencia Política-Universidad Autónoma de Zacatecas.
Organisation for Economic Co-opertion and Development (OECD.Stat) (2017a). “Outward activity of multinationals by country of location - ISIC Rev 4. - United States. Turnover”. En Portal web-sección Globalisation-Activity of Multinationals. Recuperado de http://stats.oecd.org/
OECD.Stat (2017b). “Outward activity of multinationals by country of location - ISIC Rev 4. - United States. Intramural R&D expenditure”. En Portal web-sección Globalisation-Activity of Multinationals. Recuperado de http://stats.oecd.org/