La ponencia presenta los resultados de una investigación colectiva en torno a las prácticas educativas agenciadas desde ASOINCA (Asociación sindical de los maestros del Departamento del Cauca), organización que se ha caracterizados por su autonomía y beligerancia, así como por su capacidad de generar propuestas de economía popular y de lucha sindical. Desde hace más de una década, dicho sindicato decidió asumir la Educación Popular como su referente político pedagógico. A partir de entonces, además de propiciar espacios de formación en esta perspectiva pedagógica emancipadora, ha participado en la creación de un Colectivo de Educadores populares del Cauca y generado propuestas pedagógicas inspiradas en la Educación Popular.
Al realizar la sistematización de algunas de ellas, encontramos que sus protagonistas son también maestros indígenas que participan de las organizaciones como el Consejo Regional Indígena del Cauca, la cual ha gestado su propuesta pedagógica en torno a la Educación Propia. Así en los contextos escolares concretos, la confluencia de estas dos perspectivas pedagógicas latinoamericanas, ha posibilitado un verdadero diálogo se saberes, del cual esta ponencia pretende dar cuenta.
Aunque en un sentido estricto algunos pedagogos populares, el diálogo y en particular, el diálogo de saberes, son vistos como asuntos metodológicos, en este escrito le hemos dado un lugar aparte, porque, a nuestro juicio, retomando a Guiso (2015, p. 29), “las prácticas educativas populares tienen ecologías abiertas, pluridimensionales, conjuntivas, solidarias y propiciadoras de cambios en la comprensión, en la emoción, en la expresión y en la acción”.
Por tanto, desborda los límites de lo metodológico, para ser visto como un asunto epistémico, pedagógico y político; más aún cuando en casos, como en el que nos ocupa, en algunas prácticas educativas, confluyen horizontes, apuestas y proyectos provenientes de dos procesos organizativos diferentes, pero complementarios: ASOINCA y su apuesta por la educación popular y el CRIC y su apuesta por la educación propia. Esta confluencia, para el caso de experiencias como el proyecto de soberanía alimentaria, estaría trascendiendo el diálogo para constituirse en un crisol instituyente de nuevos significados e imaginarios de la transformación educativa y social.
Desde una mirada externa, las concepciones políticas y pedagógicas impulsadas por ASOINCA y el CRIC no sólo serían diferentes, sino opuestas, incluso conflictivas. En efecto, el discurso político de ASOINCA se ancla en una concepción clasista de la sociedad, haciendo énfasis a la crítica al capitalismo y a su transformación desde una perspectiva popular. El del CRIC, hace énfasis en su carácter étnico y además de la crítica al capitalismo, incorpora con mucha fuerza la crítica a la colonialidad. De ahí la insistencia, por parte de los investigadores, a preguntar a educadores vinculados a una y otra organización sobre las diferencias entre ambas organizaciones. Sin embargo, en todos los casos, los entrevistados, fueran de ASOINCA o el CRIC, insistieron en las confluencias, recurriendo y enfatizando en los “encuentros”, tanto en el plano político como educativo. En primer lugar, oigamos la reflexión de un dirigente de ASOINCA e impulsor del proyecto de soberanía alimentaria:
“Con el CRIC no tenemos inconveniente en eso porque nos encontramos, siempre nos encontramos y donde nos encontramos en el punto de encuentro en la movilización y la huelga, ahí nos encontramos todos, para eso son esos trabajos, ahí es el punto de encuentro, entonces por ahí por ejemplo la gente dice no para la movilización municipio de tal lleva plátano y todo eso, entonces ya saben que ese proceso de plátano y es orgánico que viene de la finca tal, pero llegamos a ese punto, de que todos lo hagamos para un mismo fin…
Nos encontramos, por ejemplo ahorita tenemos ttenemos una ponencia con el CRIC, entonces ahí nos encontramos, pero no se desvía una de la otra, nos encontramos, tenemos una hora de ponencia con los niños y CRIC tiene su hora de ponencia, entonces cuando nos encontramos no repetimos cosas para que no se vuelva cansón, sino para que aporte a los del CRIC y aportemos nosotros… La recuperación de suelos, de la tierra, hay recuperación de tierra, ellos se contactan mucho con nosotros porque nosotros si producir alimentos sanos y ellos recuperar territorio, entonces se compacta mucho” (Tito)
Por su parte, maestro indígenas de El mesón y pertenecientes al CRIC relatan:
“Por ahí nos hemos encontrado en ese caminar con otras organizaciones, el caso de ASOINCA, hace varios años atrás ellos tuvieron la oportunidad de venir aquí a ver una experiencia y una de las actividades que hacemos y nos encontramos. Y encontrábamos que nosotros teníamos muchas afinidades y hay mucho que aprender ahí, y entonces pasamos a ser parte de soberanía alimentaria…
El siguiente compartir con la organización y ASOINCA es que nos educa, nos mantiene actualizados sobre la situación de país, los problemas que hay, y de ahí uno tiene muchas herramientas para orientar a los estudiantes y políticamente hacerles entender que no se puede uno quedar quieto, que hay que luchar, que no hay que ser conforme, que afuera están pasando muchas cosas y que tenemos que estar preparados porque en cualquier momento nos llegan acá, pero todo eso es gracias a esa orientación que nos dan las dos organizaciones”
Este encuentro creciente entre ASOINCA y el CRIC se ve expresado con mayor intensidad en las experiencias de soberanía alimentaria, en el que confluyen trayectos y proyectos de ambos procesos organizativos. Aunque dicha denominación la asume el colectivo de ASOINCA desde 2006, ya se venían desarrollando prácticas en el mismo horizonte, en diferentes instituciones educativas, tales como la huerta, las parcelas, los proyectos de alimentación sana o los procesos de recuperación de semillas
En el caso de las instituciones educativas orientadas desde el CRIC, la propuesta tiene su antecedente en su preocupación por recuperar la alimentación propia:
Nosotros ya veníamos trabajando acá con el proceso de recuperar la alimentación propia, y habíamos hecho muchos ejercicios, entonces cuando llegamos aquí nos encontramos que lo que ellos venían proponiendo y lo que nosotros veníamos haciendo eso nos apoyaba. Entonces hicimos parte de ese proceso. Hoy nosotros también aportamos mucho a la parte del programa de soberanía alimentaria en ASOINCA y ellos también pues nos orienta, nos han acompañado en este proceso. Nosotros hablamos de que aquí hay autonomía alimentaria, ser soberanos en el sentido de tener las semillas, que sean semillas limpias, abonos orgánicos, en el respeto de la madre tierra. Y como ya somos soberanos pues podemos hablar de autonomía… (Jesús, El Mesón)
Es interesante es constatar cómo esta confluencia de búsquedas y sentidos, posibilita conceptualizaciones que afirman los sentidos emancipadores de sus prácticas educativas, tal como se evidencia en la siguiente conversación con educadores de El Mesón:
Rector: nosotros el manejo del concepto de seguridad alimentaria si no hace falta más un poco que haya una cátedra nos hace avanzar avanzar un poco más en lo que hace falta en lo que se entiende por seguridad alimentaria.
Profesor: Nosotros hablábamos era de alimentación propia y ahora de soberanía alimentaria; también logramos entender que ser soberano es poder tener las semillas de nosotros no depender de otros, entonces por ahí nos fuimos entendiendo como en la cuestión con ASOINCA; entonces encontramos que nos retroalimentaron a nosotros pero nosotros también a ellos.
Profesor: Y un poco también diferenciando un término que nosotros a veces escuchamos , nosotros nos ponemos a analizar y es cuando uno escucha la seguridad alimentaria, es una palabra que no puede sonar acá, porque nosotros vemos que la seguridad alimentaria pues es dar de comer lo que encuentren, tenga, coman y muchos estaban muriendo de hambre, pero hoy entendemos que no, nosotros tenemos la mayor riqueza del mundo la tenemos nosotros, tenemos suelos donde cultivar, tenemos agua. Entonces nosotros no podemos estar hablando de seguridad alimentaria, ese no es el término.
En fin, además de constatar la presencia de la educación popular en dichas prácticas y las reflexiones que elaboran sus protagonistas sobre las mismas, aparece como un desafío emergente su relación con la tradición pedagógica construida por las organizaciones indígenas del Cauca: la educación propia. Consideramos que estamos asistiendo a una confluencia complementaria de sentidos pedagógicos emancipadores y prácticas transformadoras, que resulta evidente, tanto para los dirigentes magisteriales como para los educadores de base.